Audioguía Edificio Metrópolis y Gran Vía en Madrid

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Historia y Arquitectura de Edificio Metrópolis y Gran Vía

A principios del siglo XX, Madrid ansiaba proclamar su vocación de gran metrópoli europea. Para lograrlo, la capital emprendió una de las obras urbanísticas más ambiciosas de su historia: la apertura de la Gran Vía, un elegante bulevar al estilo parisino que atravesaría el abigarrado casco histórico. En el punto exacto donde esta deslumbrante arteria se bifurca de la ancestral calle de Alcalá, la compañía aseguradora La Unión y el Fénix Español decidió erigir su sede social, concibiéndola como un faro monumental de triunfo económico y sofisticación estética.

Tras un concurso internacional, el diseño recayó en los hermanos franceses Jules y Raymond Février, quienes concibieron una obra maestra de estética Beaux-Arts. La construcción, supervisada posteriormente por el arquitecto español Luis Esteve, finalizó en 1911. El edificio deslumbró de inmediato al público por su marcado carácter ecléctico y refinado: una rotunda planta circular en esquina que culmina en una columnata corintia de orden gigante, flanqueada por esculturas alegóricas que representan el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Minería, esculpidas por destacados maestros como Mariano Benlliure.

Sin embargo, la verdadera firma visual del edificio es su legendaria cúpula escamada de pizarra, traída directamente de las canteras de la orfebrería francesa y cubierta con delicados panales de oro. En sus orígenes, la cumbre estaba rematada por un grupo escultórico de bronce que representaba al Fénix y a Ganimedes. Sin embargo, cuando la aseguradora Metrópolis adquirió el inmueble en 1972, la escultura original fue retirada por sus antiguos dueños. En su lugar, en 1975, se instaló la deslumbrante Victoria Alada del escultor Federico Coullaut-Valera, una figura de bronce blanco que parece a punto de emprender el vuelo sobre los tejados madrileños.

Hoy en día, el Edificio Metrópolis no es solo la puerta de entrada a la centenaria Gran Vía, sino el escenario fotográfico más emblemático de la ciudad. Contemplar el atardecer desparramándose sobre su cúpula dorada, mientras los destellos de los coches comienzan a trazar estelas de luz a sus pies, es presenciar el pulso eterno de un Madrid que mira al futuro sin perder la gracia inmortal de su deslumbrante pasado art nouveau.

🎙️ Transcripción Oficial de la Audioguía

A principios del siglo XX, Madrid ansiaba proclamar su vocación de gran metrópoli europea. Para lograrlo, la capital emprendió una de las obras urbanísticas más ambiciosas de su historia: la apertura de la Gran Vía, un elegante bulevar al estilo parisino que atravesaría el abigarrado casco histórico. En el punto exacto donde esta deslumbrante arteria se bifurca de la ancestral calle de Alcalá, la compañía aseguradora La Unión y el Fénix Español decidió erigir su sede social, concibiéndola como un faro monumental de triunfo económico y sofisticación estética.

Tras un concurso internacional, el diseño recayó en los hermanos franceses Jules y Raymond Février, quienes concibieron una obra maestra de estética Beaux-Arts. La construcción, supervisada posteriormente por el arquitecto español Luis Esteve, finalizó en 1911. El edificio deslumbró de inmediato al público por su marcado carácter ecléctico y refinado: una rotunda planta circular en esquina que culmina en una columnata corintia de orden gigante, flanqueada por esculturas alegóricas que representan el Comercio, la Industria, la Agricultura y la Minería, esculpidas por destacados maestros como Mariano Benlliure.

Sin embargo, la verdadera firma visual del edificio es su legendaria cúpula escamada de pizarra, traída directamente de las canteras de la orfebrería francesa y cubierta con delicados panales de oro. En sus orígenes, la cumbre estaba rematada por un grupo escultórico de bronce que representaba al Fénix y a Ganimedes. Sin embargo, cuando la aseguradora Metrópolis adquirió el inmueble en 1972, la escultura original fue retirada por sus antiguos dueños. En su lugar, en 1975, se instaló la deslumbrante Victoria Alada del escultor Federico Coullaut-Valera, una figura de bronce blanco que parece a punto de emprender el vuelo sobre los tejados madrileños.

Hoy en día, el Edificio Metrópolis no es solo la puerta de entrada a la centenaria Gran Vía, sino el escenario fotográfico más emblemático de la ciudad. Contemplar el atardecer desparramándose sobre su cúpula dorada, mientras los destellos de los coches comienzan a trazar estelas de luz a sus pies, es presenciar el pulso eterno de un Madrid que mira al futuro sin perder la gracia inmortal de su deslumbrante pasado art nouveau.

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