Audioguía Castro de Santa Trega en A Guarda

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Historia y Arquitectura de Castro de Santa Trega

El Castro de Santa Trega no es únicamente una joya del patrimonio arqueológico de Galicia, sino un testimonio pétreo excepcional donde la protohistoria ibérica y la expansión del Imperio Romano entrelazaron sus destinos. Situado en una atalaya estratégica inigualable en la localidad pontevedresa de A Guarda, este asentamiento fortificado ejercía un control visual y militar absoluto sobre el curso final del río Miño —frontera natural con el territorio portugués— y sobre las florecientes rutas de navegación marítima del Atlántico.

Las investigaciones arqueológicas revelan que el castro vivió su periodo de máximo esplendor entre el siglo I a.C. y el I d.C., una época marcada por el contacto y la integración en la estructura socioeconómica romana. Lejos de la imagen de una aldea primitiva, Santa Trega constituyó una verdadera urbe atlántica que acogió una densa comunidad de entre 3.000 y 5.000 personas. El trazado urbano se articula de manera metódica a través de unidades familiares o barrios, delimitados por muros perimetrales donde se agrupan viviendas de planta circular y elíptica dotadas de vestíbulo, magistralmente erigidas en mampostería de granito y cubiertas originalmente por entramados de retama y paja.

La sofisticación social de sus habitantes queda fielmente reflejada en los valiosos vestigios conservados en el Museo Arqueológico del monte (MASAT). La abundancia de cerámicas autóctonas e importadas, piezas de orfebrería en oro, herramientas metálicas y ánforas romanas de vino y aceite atestigua el papel crucial del asentamiento como nodo comercial receptor de bienes mediterráneos. Asimismo, la cumbre del monte alberga testimonios pictográficos aún más antiguos, como el célebre Petroglifo do Laxe do Mapa, esculpido miles de años antes de la cimentación del poblado castreño, subrayando el carácter sagrado que este promontorio ostentó desde tiempos prehistóricos.

El paulatino abandono del Castro de Santa Trega comenzó en la segunda mitad del siglo I d.C., impulsado por la pax romana, que favoreció el traslado de las comunidades hacia los fértiles valles del llano. Redescubierto oficialmente en 1913 durante las obras de la carretera de acceso, el sitio se erige hoy como un monumento histórico fundamental para comprender la identidad cultural galaica.

🎙️ Transcripción Oficial de la Audioguía

El Castro de Santa Trega no es únicamente una joya del patrimonio arqueológico de Galicia, sino un testimonio pétreo excepcional donde la protohistoria ibérica y la expansión del Imperio Romano entrelazaron sus destinos. Situado en una atalaya estratégica inigualable en la localidad pontevedresa de A Guarda, este asentamiento fortificado ejercía un control visual y militar absoluto sobre el curso final del río Miño —frontera natural con el territorio portugués— y sobre las florecientes rutas de navegación marítima del Atlántico.

Las investigaciones arqueológicas revelan que el castro vivió su periodo de máximo esplendor entre el siglo I a.C. y el I d.C., una época marcada por el contacto y la integración en la estructura socioeconómica romana. Lejos de la imagen de una aldea primitiva, Santa Trega constituyó una verdadera urbe atlántica que acogió una densa comunidad de entre 3.000 y 5.000 personas. El trazado urbano se articula de manera metódica a través de unidades familiares o barrios, delimitados por muros perimetrales donde se agrupan viviendas de planta circular y elíptica dotadas de vestíbulo, magistralmente erigidas en mampostería de granito y cubiertas originalmente por entramados de retama y paja.

La sofisticación social de sus habitantes queda fielmente reflejada en los valiosos vestigios conservados en el Museo Arqueológico del monte (MASAT). La abundancia de cerámicas autóctonas e importadas, piezas de orfebrería en oro, herramientas metálicas y ánforas romanas de vino y aceite atestigua el papel crucial del asentamiento como nodo comercial receptor de bienes mediterráneos. Asimismo, la cumbre del monte alberga testimonios pictográficos aún más antiguos, como el célebre Petroglifo do Laxe do Mapa, esculpido miles de años antes de la cimentación del poblado castreño, subrayando el carácter sagrado que este promontorio ostentó desde tiempos prehistóricos.

El paulatino abandono del Castro de Santa Trega comenzó en la segunda mitad del siglo I d.C., impulsado por la pax romana, que favoreció el traslado de las comunidades hacia los fértiles valles del llano. Redescubierto oficialmente en 1913 durante las obras de la carretera de acceso, el sitio se erige hoy como un monumento histórico fundamental para comprender la identidad cultural galaica.