¿Cuál es la mejor hora para visitar?
Temprano por la mañana (entre las 8:00 y las 10:00) es el momento ideal para evitar aglomeraciones y disfrutar de la luz matutina atravesando las vidrieras góticas con total tranquilidad.
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Al desembocar en la bulliciosa Stephansplatz en el corazón geográfico e histórico de Viena y alzar la mirada hacia la vertiginosa aguja gótica de la Catedral de San Esteban (Stephansdom), el visitante queda deslumbrado por el símbolo supremo de la identidad austríaca. Con su esbelta torre sur de ciento treinta y seis metros de altitud, apodada cariñosamente Steffl por los vieneses, y su tejado policromado revestido con más de doscientos treinta mil azulejos vidriados que dibujan el águila bicéfala imperial, esta catedral es la obra cumbre del gótico y el corazón espiritual indiscutible de Austria.
El origen del templo se remonta a mediados del siglo XII con una primera iglesia románica promovida por el duque Jasomirgott. De aquella época fundacional pervive la monumental fachada occidental con la Portada de los Gigantes (Riesentor) y las dos Torres de los Paganos. Sin embargo, fue en el siglo XIV cuando el visionario duque Rodolfo IV de Habsburgo, conocido como el Fundador, decidió transformar el templo en una grandiosa catedral gótica de tres naves de salón de igual altura, sentando las bases de una de las construcciones más audaces de Centroeuropa.
El interior de la catedral impresiona por su atmósfera mística y su soberbio patrimonio escultórico. En la nave central destaca el célebre Púlpito gótico de piedra tallado a finales del siglo XV por Anton Pilgram o Niclas Gerhaert van Leyden, una filigrana de caliza con retratos de los cuatro Padres de la Iglesia Latina. Bajo la barandilla del púlpito se asoma la célebre figura del Fensturgucker (el mirador de la ventana), un audaz autorretrato del maestro cantero asomándose a una ventana de piedra con su compás de tallador en la mano.
En el coro sur se halla el fastuoso sepulcro de mármol rojo imperial del emperador Federico III, una obra maestra del Renacimiento tardío esculpida con cientos de figuras y criaturas heráldicas. Asimismo, en la nave norte se custodian las Catacumbas de San Esteban, donde descansan las criptas de los obispos de Viena y las urnas que albergan las vísceras y corazones embalsamados de la dinastía de los Habsburgo, así como los restos de miles de víctimas de las epidemias de peste medievales.
Durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945, un voraz incendio originado en los comercios circundantes alcanzó la catedral, provocando el desplome de su tejado histórico y la destrucción de la célebre campana Pummerin. Reconstruida con ejemplar solidaridad nacional en apenas siete años, la nueva Pummerin, fundida con el bronce de antiguos cañones turcos capturados en el asedio de 1683, resuena hoy en la torre norte en las festividades más solemnes.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del centro histórico de Viena, la Catedral de San Esteban es una parada obligada en la capital austríaca. Se recomienda subir a la Torre Sur por sus trescientos cuarenta y tres escalones para deleitarse con la panorámica de Viena y el dibujo geométrico de su tejado vidriado.
Para completar tu experiencia y evitar colas, no te pierdas las entradas, visitas guiadas y alojamientos recomendados que hemos seleccionado para ti justo debajo en esta guía cultural.
Al desembocar en la bulliciosa Stephansplatz en el corazón geográfico e histórico de Viena y alzar la mirada hacia la vertiginosa aguja gótica de la Catedral de San Esteban (Stephansdom), el visitante queda deslumbrado por el símbolo supremo de la identidad austríaca. Con su esbelta torre sur de ciento treinta y seis metros de altitud, apodada cariñosamente Steffl por los vieneses, y su tejado policromado revestido con más de doscientos treinta mil azulejos vidriados que dibujan el águila bicéfala imperial, esta catedral es la obra cumbre del gótico y el corazón espiritual indiscutible de Austria.
El origen del templo se remonta a mediados del siglo XII con una primera iglesia románica promovida por el duque Jasomirgott. De aquella época fundacional pervive la monumental fachada occidental con la Portada de los Gigantes (Riesentor) y las dos Torres de los Paganos. Sin embargo, fue en el siglo XIV cuando el visionario duque Rodolfo IV de Habsburgo, conocido como el Fundador, decidió transformar el templo en una grandiosa catedral gótica de tres naves de salón de igual altura, sentando las bases de una de las construcciones más audaces de Centroeuropa.
El interior de la catedral impresiona por su atmósfera mística y su soberbio patrimonio escultórico. En la nave central destaca el célebre Púlpito gótico de piedra tallado a finales del siglo XV por Anton Pilgram o Niclas Gerhaert van Leyden, una filigrana de caliza con retratos de los cuatro Padres de la Iglesia Latina. Bajo la barandilla del púlpito se asoma la célebre figura del Fensturgucker (el mirador de la ventana), un audaz autorretrato del maestro cantero asomándose a una ventana de piedra con su compás de tallador en la mano.
En el coro sur se halla el fastuoso sepulcro de mármol rojo imperial del emperador Federico III, una obra maestra del Renacimiento tardío esculpida con cientos de figuras y criaturas heráldicas. Asimismo, en la nave norte se custodian las Catacumbas de San Esteban, donde descansan las criptas de los obispos de Viena y las urnas que albergan las vísceras y corazones embalsamados de la dinastía de los Habsburgo, así como los restos de miles de víctimas de las epidemias de peste medievales.
Durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial, en abril de 1945, un voraz incendio originado en los comercios circundantes alcanzó la catedral, provocando el desplome de su tejado histórico y la destrucción de la célebre campana Pummerin. Reconstruida con ejemplar solidaridad nacional en apenas siete años, la nueva Pummerin, fundida con el bronce de antiguos cañones turcos capturados en el asedio de 1683, resuena hoy en la torre norte en las festividades más solemnes.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del centro histórico de Viena, la Catedral de San Esteban es una parada obligada en la capital austríaca. Se recomienda subir a la Torre Sur por sus trescientos cuarenta y tres escalones para deleitarse con la panorámica de Viena y el dibujo geométrico de su tejado vidriado.
Para completar tu experiencia y evitar colas, no te pierdas las entradas, visitas guiadas y alojamientos recomendados que hemos seleccionado para ti justo debajo en esta guía cultural.
Temprano por la mañana (entre las 8:00 y las 10:00) es el momento ideal para evitar aglomeraciones y disfrutar de la luz matutina atravesando las vidrieras góticas con total tranquilidad.
El acceso a la nave central es gratuito, pero para explorar las torres, las catacumbas, el tesoro o realizar el recorrido completo con audioguía, es altamente recomendable adquirir la entrada combinada 'All-Inclusive' con antelación.
La catedral está perfectamente comunicada. Puedes tomar las líneas U1 o U3 del metro (U-Bahn) hasta la estación Stephansplatz, cuya salida da directamente a la plaza de la catedral.
Una visita completa que incluya la nave interior, la subida a la Torre Sur, la visita a la Pummerin en la Torre Norte y las catacumbas requiere entre 1,5 y 2,5 horas.
La nave principal de la catedral es totalmente accesible en silla de ruedas. Sin embargo, las catacumbas tienen limitaciones y la Torre Sur solo se sube a pie, aunque la Torre Norte cuenta con un ascensor adaptado.
Al ser un lugar de culto activo, se solicita vestir con discreción y respeto: hombros y rodillas cubiertas, y quitarse gorras o sombreros en el interior.
Sí, está permitido tomar fotos para uso personal sin utilizar flash ni trípode. Durante los servicios religiosos y misas se solicita abstenerse de tomar fotografías.
A pocos minutos a pie encontrarás el Palacio Imperial de Hofburg, el Museo Albertina, la Casa de Mozart (Mozarthaus Vienna) y la célebre avenida Graben.