¿Cuál es la mejor hora para visitar?
Al amanecer o durante la hora dorada del atardecer, cuando el sol resalta el relieve del granito y la iluminación nocturna ofrece un espectáculo visual fascinante.
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Al aproximarse a la Plaza del Azoguejo en el corazón de Segovia, la monumental silueta del Acueducto Romano corta la respiración por su colosal armonía y su audacia estructural. Con casi dos mil años de antigüedad, esta colosal obra de ingeniería civil es uno de los monumentos romanos mejor conservados del planeta y el emblema indiscutible de la ciudad castellana. Sus imponentes arcos dobles de granito se elevan como un puente ingrávido tendido hacia el horizonte, desafiando la gravedad sin emplear una sola gota de argamasa o cemento que una sus piedras.
Construido entre finales del siglo I y comienzos del siglo II después de Cristo, en tiempos de los emperadores Domiciano, Nerva y Trajano, el acueducto fue concebido con el fin de transportar el agua cristalina del río Frío desde la Sierra de Guadarrama hasta lo alto del promontorio fortificado de Segovia. El trazado completo del ingenio hidráulico recorre más de quince kilómetros por el relieve serrano, desde su toma de captación original hasta un primer desarenador o depósito de decantación donde las impurezas y arenas del caudal se depositaban en el fondo.
En su tramo urbano más célebre, el acueducto despliega una sobrecogedora arquería de ciento sesenta y siete arcos sostenidos por pilares rectangulares que alcanzan hasta veintiocho metros y medio de altura máxima en la Plaza del Azoguejo. El conjunto está integrado por más de veinte mil sillares de duro granito extraídos de las canteras de la sierra circundante. Cada bloque fue desbastado a mano y colocado en seco, sustentándose únicamente por un asombroso y milimétrico equilibrio de fuerzas físicas, empujes y pesos opuestos.
En los sillares de granito aún son claramente visibles las muescas laterales u orificios tallados para introducir las tenazas mecánicas de elevación con las que las grúas romanas izaban los pesados bloques. En la parte superior del muro, coronando la arquería en su punto más elevado, se abrían dos hornacinas votivas que en época imperial albergaban efigies de divinidades protectoras, sustituidas en época de los Reyes Católicos por imágenes de la Virgen del Carmen y San Sebastián.
Durante el asedio musulmán de Segovia en 1072, treinta y seis arcos del acueducto sufrieron graves destrozos bélicos. Siglos más tarde, a finales del siglo XV, el rey Fernando el Católico y la reina Isabel encargaron una rigurosa restauración al prior del monasterio de los Jerónimos del Parral, Pedro de Mesa, quien reconstruyó los arcos derruidos respetando minuciosamente el estilo original romano sin alterar la fisonomía del coloso de piedra.
Declarado Monumento Nacional en 1884 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985 junto con la ciudad vieja de Segovia, el acueducto continuó cumpliendo con su función hidráulica suministrando agua corriente a la población segoviana hasta bien entrado el siglo XX. Hoy en día, contemplar el vuelo de sus arcos de granito al caer la noche, iluminados con una suave tonalidad cálida, constituye una experiencia estética sublime que transporta al visitante a los tiempos de gloria de la Hispania romana.
Para disfrutar plenamente del acueducto, se recomienda ascender por las escaleras laterales que bordean la muralla medieval hasta el mirador del Postigo del Consuelo, desde donde se obtiene una panorámica impresionante de la arquería extendiéndose sobre los tejados de teja roja de la ciudad. Recorrer el tramo inicial más campestre a pie permite comprender la colosal escala de la ingeniería hidráulica de Roma.
Para completar tu experiencia y evitar colas, no te pierdas las entradas, visitas guiadas y alojamientos recomendados que hemos seleccionado para ti justo debajo en esta guía cultural.
Al aproximarse a la Plaza del Azoguejo en el corazón de Segovia, la monumental silueta del Acueducto Romano corta la respiración por su colosal armonía y su audacia estructural. Con casi dos mil años de antigüedad, esta colosal obra de ingeniería civil es uno de los monumentos romanos mejor conservados del planeta y el emblema indiscutible de la ciudad castellana. Sus imponentes arcos dobles de granito se elevan como un puente ingrávido tendido hacia el horizonte, desafiando la gravedad sin emplear una sola gota de argamasa o cemento que una sus piedras.
Construido entre finales del siglo I y comienzos del siglo II después de Cristo, en tiempos de los emperadores Domiciano, Nerva y Trajano, el acueducto fue concebido con el fin de transportar el agua cristalina del río Frío desde la Sierra de Guadarrama hasta lo alto del promontorio fortificado de Segovia. El trazado completo del ingenio hidráulico recorre más de quince kilómetros por el relieve serrano, desde su toma de captación original hasta un primer desarenador o depósito de decantación donde las impurezas y arenas del caudal se depositaban en el fondo.
En su tramo urbano más célebre, el acueducto despliega una sobrecogedora arquería de ciento sesenta y siete arcos sostenidos por pilares rectangulares que alcanzan hasta veintiocho metros y medio de altura máxima en la Plaza del Azoguejo. El conjunto está integrado por más de veinte mil sillares de duro granito extraídos de las canteras de la sierra circundante. Cada bloque fue desbastado a mano y colocado en seco, sustentándose únicamente por un asombroso y milimétrico equilibrio de fuerzas físicas, empujes y pesos opuestos.
En los sillares de granito aún son claramente visibles las muescas laterales u orificios tallados para introducir las tenazas mecánicas de elevación con las que las grúas romanas izaban los pesados bloques. En la parte superior del muro, coronando la arquería en su punto más elevado, se abrían dos hornacinas votivas que en época imperial albergaban efigies de divinidades protectoras, sustituidas en época de los Reyes Católicos por imágenes de la Virgen del Carmen y San Sebastián.
Durante el asedio musulmán de Segovia en 1072, treinta y seis arcos del acueducto sufrieron graves destrozos bélicos. Siglos más tarde, a finales del siglo XV, el rey Fernando el Católico y la reina Isabel encargaron una rigurosa restauración al prior del monasterio de los Jerónimos del Parral, Pedro de Mesa, quien reconstruyó los arcos derruidos respetando minuciosamente el estilo original romano sin alterar la fisonomía del coloso de piedra.
Declarado Monumento Nacional en 1884 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985 junto con la ciudad vieja de Segovia, el acueducto continuó cumpliendo con su función hidráulica suministrando agua corriente a la población segoviana hasta bien entrado el siglo XX. Hoy en día, contemplar el vuelo de sus arcos de granito al caer la noche, iluminados con una suave tonalidad cálida, constituye una experiencia estética sublime que transporta al visitante a los tiempos de gloria de la Hispania romana.
Para disfrutar plenamente del acueducto, se recomienda ascender por las escaleras laterales que bordean la muralla medieval hasta el mirador del Postigo del Consuelo, desde donde se obtiene una panorámica impresionante de la arquería extendiéndose sobre los tejados de teja roja de la ciudad. Recorrer el tramo inicial más campestre a pie permite comprender la colosal escala de la ingeniería hidráulica de Roma.
Para completar tu experiencia y evitar colas, no te pierdas las entradas, visitas guiadas y alojamientos recomendados que hemos seleccionado para ti justo debajo en esta guía cultural.
Al amanecer o durante la hora dorada del atardecer, cuando el sol resalta el relieve del granito y la iluminación nocturna ofrece un espectáculo visual fascinante.
No es necesario. El Acueducto de Segovia es un monumento público al aire libre y de libre acceso las 24 horas del día.
Desde Madrid se puede tomar el tren de alta velocidad (AVE) hasta la estación Segovia-Guiomar y luego el autobús urbano L11, o viajar en autobús directo desde la Estación de Moncloa.
La estancia media para contemplar el tramo principal y tomar fotografías es de 30 a 45 minutos, aunque hacer la ruta completa siguiendo su trazado urbano lleva hora y media.
La base del acueducto en la Plaza del Azoguejo es totalmente accesible y pavimentada, aunque la subida al mirador de la Postigo requiere ascender por tramos con pendiente o escaleras.
No hay ningún código de vestimenta al ser un espacio público. Se recomienda calzado cómodo para caminar por las calles empedradas de la ciudad histórica.
Al tratarse de una obra arquitectónica al aire libre, se permite tomar fotografías y vídeos de manera completamente libre en todo el recinto urbano.
A poca distancia a pie se encuentran la Catedral de Segovia, la Casa de los Picos, el barrio de la Judería y el célebre Alcázar de Segovia.